“… muchos no sabían leer; pero sus concepciones denotan la ironía –que no es fruto infantil- y una malicia innata para reírse de los acontecimientos más serios. Explotaban, precisamente, el aspecto ridículo de los hechos… No se manifestaban nunca delirantemente pasionales” (sobre los poetas populares, Antonio Acevedo Hernández, 1933)